Se abandona mas facilmente la religión que el café

Era de noche, y se me caía la cabeza del sueño, ayer me levante muy temprano para acompañar a la concha anciana de mi abuela a hacerse el pasaporte, porque al parecer la vieja conoció un chongo extranjero y se nos va a visitarlo.
Ella aclaró que según su medico de cabecera (con master en chanta) le dijo que está en una edad mental donde no debe quedarse encerrada, necesita salir a recrearse y viajar mucho, ahí nomas sacó unos folletos que tenia casualmente en el bolsillo, no me cabe duda que este hijo de puta tiene tongo con alguna agencia de turismo.
Pero al margen de esto, la acompañe sobre todo porque mi mamá me lo pidió en un tono casi amenazante de país primermundista diciendome, que si no lo hacia me cortaría todos los accesos a su tarjeta de crédito, con lo cual y ante inminente advertencia accedí.
Mi abuela es basicamente una mujer de campo, y habrá pisado la capital unas 3 ó 4 veces porque el zorete de mi abuelo no la dejaba y en aquellos tiempo ese fundamento era suficiente para no hacerlo ó era intercambiable por una buena paliza. Pero desde que el huevo duro de mi abuelo murió, la vieja se desconchó y empezó a vivir la vida, como dios manda.
Y ahí estábamos 8.15 de la madrugada, haciendo la interminable fila para que la gorda paspada de la empleada pública, con su guardapolvo blanco grisaceo nos de un numero, nos grite y nos humille frente al resto de la gente. Cuando a lo lejos veo un cartel iluminado por un reflector al borde de la caída apuntando a cualquier lado menos al cartel, que tenia unos dibujitos muy simpáticos con una flecha indicativa hacia otro cuarto, para aquellos que no debían realizar la fila, siendo estos: Ancianos mayores de 75 años, discapacitados, embarazadas, mujeres con bebes, y cualquiera de las mezclas posibles (ancianos discapacitados, mujeres embarazadas y con bebes, discapacitados embarazados, etcétera, etcétera, etcétera.)
Le pregunté a mi abuela ¿Qué edad tenía?, ella pensó que me iba a burlar haciéndole algún chiste, y me contestó que a una dama no se le preguntaban esas cosas. A lo que le respondí, disculpame, pero a juzgar por el incipiente bigote que tenés lo de "dama" lo podemos discutir y lo de la edad te lo pregunte porque bla,bla,bla... costó pero entendió, finalmente entramos al cuarto contiguo sin hacer cola, llenamos los papeles, pagó, se saco la foto, se nos coló un lisiado, se mancho los dedos, tardo 45 minutos en limpiarse, y salimos gloriosos, sabiendo que no la iba a volver a ver por un tiempo y el contacto posible mas cercano seria por medio de una postal de ella y su novio con la torre Eiffel de fondo.
Pero la historia no termina acá, ya que cuando me subo al colectivo para volver al departamento y como este iba casi vacío, me senté en el primer asiento, con el fin de reírme de la cantidad de mamarrachos que subían, como la gente no emboca la moneda en la ranura, clavarle la mirada a algún hombre casado, ver como el multifacético conductor manejaba, mandaba mensajes de texto y puteaba a las vieja con bastón que no podían subir por sus propios medios al transporte todo en simultaneo.
Aveces hasta me apiadaba de ellos y les daba el asiento, otras simplemente me hacia el dormido, esta vez me solidaricé con una señora muy mayor que ya desde el vamos se la veía mal, entre el tembleque, el ojo derecho que se le iba para el lado contrario que el izquierdo, la pata de palo y las cataratas que tenia, sinceramente con apiadarme no bastaba, en el momento en que intentaba subir al colectivo empujada por un transeúnte, el señor chofer que de señor no tenía nada, buscó una mirada cómplice de mi parte y riéndose por lo bajo me dijo:- "¿Y si la sacrificamos para que no sufra?". Me hubiera reído, de no ser porque en ese instante la señora que intentaba ser subida al micro cayó al piso como bolsa de papas y me vi obligado moralmente a levantarla y ofrecerle el asiento. Me agradeció, y me pidió que me sentase al lado de ella para comentarle por con gran sinceridad afirmo no ver una mierda.
Me senté y desde que apoyé medio cachete del culo en el pequeño lugar que la doña me dejó empezó el viacrusis urbano, me contó desde lo mucho que la constipaba el queso, hasta los 2 ataques cerebrales que había sufrido en el ultimo tiempo habiendo esto afectado su visión, cosa que se notaba ya que era portadora también del famoso "mal del ajo" (con un ojo para la mierda y el otro para el carajo). Pero mas allá del drama profundo que esta señora estaba viviendo, el hecho de contárselo a alguien parecía entusiasmarla, aliviarla e incluso agradarle, yo no se bien, si no tenia un puto pariente vivo al que contarle esto o simplemente se lo estaba inventando todo, pero preguntarle hubiera sido sacar a la luz otra historia trágica que sinceramente no quería oír.
Mientras tanto ella me seguía hablando, decía que todavía trabajaba, que se quedaba toda la noche despierta haciendo el balance para una remiseria, con el único ojo que le quedaba estable. Imaginate, que corno podía acotar yo a lo que la pobre vieja me decía mas que compadecerme con un:- ¡ vamos señora! es admirable la fuerza de voluntad que tiene para seguir trabajando. Y entonces ella unos minutos antes de bajarse me responde:- la verdad que si!, y vos fíjate que así como tengo la voluntad de seguir adelante, nunca tuve la fuerza para dejar de fumar los 2 atados de cigarrillo que fumo por día desde que era joven, pero te voy a decir algo, las mejores y las peores desciciones de mi vida, las tome con un pucho y una taza de café al lado.
Y Bueh! Alguien dijo alguna vez: "todo vicio trae siempre su consiguiente excusa" y este es el claro ejemplo de eso. Pero prefiero pensar que los vicios de esa pobre señora fueron un error de cálculo en la búsqueda de su felicidad.

2 .:

Nahuel dijo...

Entretenido relato!! Te espero por mi blog!

alvaro Locx dijo...

Las abuelas son seres mágicos.